Hasta aquél momento había pisado suelo islandés pero era el
suelo de las salas del aeropuerto, de las calles, de la casa de mis amigos. No
había experimentado aún la sensación de pisar “tierra” pero eso llegó pronto.
En cuanto hubimos desayunado, salimos a ver la ciudad y hacer nuestra primera
parada en una zona alta del barrio de Seltjarnarnes. Allí bajamos del coche y
“pisamos tierra”. “Ahora sí que estoy en Islandia”, pensé.
Tres verdades incómodas sobre lo que te haces a ti mismo
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*El odio solo te quema a ti. Lo negativo atrae más negativo. Y la queja es
un bumerán. Tres ideas sencillas, respaldadas por la experiencia y el
sentido ...
Hace 12 horas
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