Una vez, siendo niño, llevaron a Daimiel (Ciudad Real), en
el centro de España, a muchos kilómetros de cualquier costa, carne de ballena.
Aquello fue un acontecimiento para todo el pueblo y mi madre –como muchas
otras- compró carne de ballena para probar tan exótico bocado. YO era –como
digo- un niños; quizás tendría seis o siete años; y sin embargo recuerdo cómo
disfruté comiendo aquél filete de ballena... Todos estos recuerdos pasaron por
mi mente cuando me fotografié al lado de estos barcos balleneros.
Tres verdades incómodas sobre lo que te haces a ti mismo
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*El odio solo te quema a ti. Lo negativo atrae más negativo. Y la queja es
un bumerán. Tres ideas sencillas, respaldadas por la experiencia y el
sentido ...
Hace 12 horas

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