lunes, 18 de febrero de 2019

Una cruz en la espalda… por si acaso


Y ya estábamos listos para sumergirnos en el mar helado. La tarea no era fácil ya que el traje de goma que llevábamos encima de todas nuestras habituales capas de ropa no dejaba mucha libertad de movimientos, pero para eso estaban los ayudantes dispuestos a facilitarnos la entrada en el agua.

Una de las cosas que más llamaba la atención era la cruz blanca, en material reflectante, que todos llevábamos en la espalda. No era la bandera de Suiza ni nada parecido sino simplemente una forma de tenernos localizados por si alguno se alejaba más de la cuenta en medio de la negrura del mar y cualquier nueva grieta que pudiera aparecer en la quebrada superficie helada del Báltico.

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