sábado, 16 de febrero de 2019

Pie a hielo


Del rompehielos salió una escalerilla que se posó sobre la helada superficie del mar. Ataviados con nuestros trajes de goma fuimos bajando y pisando con cierta precaución la capa de hielo que cubría el mar. Sin embargo no había peligro, era tan gorda esa capa de hielo que aguantaba perfectamente todo nuestro peso e incluso los saltos que dimos algunos para comprobar su dureza. Además, en el camino que llevaba desde la escalerilla hasta esa especie de laguna negra o boquete inmenso que había abierto el rompehielos para que pudiésemos bañarnos, lo habían señalizado con antorchas clavadas directamente sobre el hielo.
Uno tras otros fuimos caminando por la superficie del mar hasta llegar a esa zona de agua completamente negra que contrastaba con el hielo de su alrededor y estaba perfectamente iluminada por los focos.

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