Michael Strøm Lie era un jurista severo, pero con Erika se derretía. Una mañana, en Svendborg, se levantó temprano.
—Hoy voy a Christiania —dijo—. Asunto del tribunal.
Erika , de siete años, corrió tras él.
—Papá, toca conmigo antes de irte.
Él dudó.
—Bueno, solo una pieza.
Se sentaron al piano y los menudos dedos de Erika se movían con tanta agilidad que sorprendían a su padre.
—Tu fa# es perfecto. —Le dijo, orgulloso de los progresos de su hija.
Ella sonrió.
—Le enseñé noruego. —Respondió Erika sonriente.
Cuando terminaron, la besó en la frente.
—Volveré para la cena.
Pero no volvió. En el Rikshospitalet, aquél 9 de mayo de 1852, Michael Strøm Lie murió de infarto repentino. Erika tenía siete años y su hermana Ida, la que le precedía, sólo contaba con quince años de edad.
Cuando llegó la noticia a la granja Svendborg, Erika estaba en el salón. Se sentó al piano. Tocó la misma melodía. Lento. Muy lento. Ida la encontró allí al amanecer.
—Basta, Erika, déjalo ya.
—No. Papá está escuchando. —Le respondió a su madre.
Pero todos tuvieron que asumir la muerte del cabeza de familia. El piano de Svendborg dejó de sonar durante muchas semanas. Ingeborg lloraba en silencio. Las hermanas mayores se ocupaban de la dirección de las tareas de la casa y de la granja. Ida, con quince años, asumía su papel de hermana mayor de Erika y esta, con la mirada baja, se sentaba al piano pero era incapaz de tocar ninguna melodía. Una noche, Ingeborg la encontró allí, con la cabeza apoyada en las teclas.
—¿Por qué no tocas, hija? —preguntó.
Erika levantó la cabeza. Tenía los ojos secos.
—Porque papá no está —dijo.
Ingeborg la abrazó.
—Vuelve a tocar para él, como lo hacías antes —le dijo con ternura—. Toca para que te oiga desde donde esté.
Erika puso las manos en el teclado. Y tocó. Tocó una melodía que no era de nadie. Era suya. Era triste, pero no desesperada. Era como el río Glomma en primavera, cuando el hielo se rompe y el agua corre libre. Y en ese momento, algo cambió. El piano dejó de ser un mueble. Se convirtió en una voz. Se convirtió en “su voz”.
Novelas con aire nórdico


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