Esta, que era la frase favorita de Marmo, nunca estuvo mejor empleada que en nuestra visita a Krisuvik. Allí el terreno estaba plagado de fumarolas de barro hirviendo. Los turistas podíamos acercarnos y pasear entre ellas, gracias a unas pasarelas de madera.
Un detalle: en la última fotografía, en la esquina superior derecha, puede apreciarse el aparcamiento de este enclave. Así era todo: sitios de sobra para aparcar, tranquilidad y sólo el ruido de la naturaleza acompañando tus pasos.
Dos poetas frente a frente
-
*(Sunday Poetry Corner)* El poeta José Luis Hidalgo (1919 – 1947), autor
–entre otros- del libro de poemas “Los muertos” y que, tan tempranamente,
nos aba...
Hace 6 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario