domingo, 28 de abril de 2013

Cuatro años después


Hace cuatro años los tres principales bancos de Islandia quebraron, la economía se desplomó un 10%, la deuda externa se disparó, la corona islandesa se devaluó más del 100%, y miles de islandeses perdieron una buena parte de su dinero... el país estuvo a punto de caer en bancarrota. Los políticos y banqueros del país fueron juzgado y condenados y se convocaron unas elecciones que ganó Jóhanna Sigurdardóttir.

Ahora, cuatro años después, se celebran unas nuevas elecciones. ¿Con qué balance deja el Gobierno la actual presidenta que, con 71 años ya no se ha presentado a la reelección? Veamos: desde entonces el paro ha bajado del 9,5% al 4,5%; la inflación, del 20% al 5%, el déficit estatal, de 216.000 millones de coronas a 3.000 millones... Y no fue preciso hacer recortes drásticos en el estado del bienestar, sino simplemente poner las cosas en orden y aplicar sentido común.

Pero, curiosamente, el partido de Sigurdardóttir no ha ganado estas elecciones sino que ha caído drásticamente. ¿Motivos? El principal es que apoyan la idea de unirse a la Unión Europea y está claro que los islandeses viven muy bien sin depender de lo que le ordenen hacer los otros socios europeos.

PD.- Cualquier parecido con España es pura coincidencia.

lunes, 22 de octubre de 2012

Pero la vida continúa


A pesar de las erupciones volcánicas que de vez en cuando animan la monotonía de la vida en Islandia, su poder destructivo nunca puede acabar con la vida que brota a cada paso en el lugar menos contaminado del planeta. Por eso, la vida sigue saliendo cada día a nuestro paso.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Del verde al gris

Una visita obligada de todos los que visitan Islandia es la cascada de Skogafoss y yo no podía faltar a tan inexcusable cita.

Unos meses después, las cenizas de la erupción del volcán Eyjafjallajokull habían cubierto de cenizas lo que antes era un idílico paisaje verde.
 
 

sábado, 22 de septiembre de 2012

Cenizas sobre Selajalandfoss

Cuando vi de lejos las cascadas de Selajalandfoss comprendí que no podía pasar de largo. Me acerqué a ellas y pase un buen rato fotografiándolas e incluso pasando por detrás de la enorme cortina de agua, todo ello en medio de un campo plano de verdor.

Pocos meses después, las cenizas de la erupción del volcán Eyjafjallajokull habían cubierto de cenizas aquél paisaje y la derretida lengua del glaciar había arrasado la carretera.