miércoles, 7 de enero de 2026

Erika Nissen (4)

En 1845 Noruega era un reino joven, unido a Suecia por una corona compartida pero con un alma propia que latía con fuerza.
  Desde 1814, tras la derrota de Napoleón, Noruega había salido del dominio danés –que había durado 400 años- para entrar a formar parte de Suecia a la que perteneció hasta el año 1905. El rey Oscar I (1844–1859) era sueco, pero Noruega tenía su propio Parlamento (Storting) en Christiania. Esta ciudad había sido fundada en 1624 por Christian IV de Dinamarca tras un incendio que destruyó el Oslo medieval y se le puso ese nombre en honor al rey danés. Pero como muchos reclamaban: “El nombre Christiania es danés mientras que Oslo es noruego”. Por eso, en el año 1924, el Storting decidió recuperar el nombre medieval Oslo (del nórdico Ásloð, “pradera de los dioses”) y poco después, el 1 de enero de 1925, Christiania dejó de existir oficialmente para convertirse en el Oslo que hoy todos conocemos.
 
Por aquél entonces, Noruega tenía una Constitución progresista y una población de sólo 1,3 millones de personas, de las cuales, el ochenta por ciento vivía en el campo. El idioma tenía dos formas oficiales, el bokmål (danés-noruego, culto) y el nynorsk (basado en dialectos rurales, creado por Ivar Aasen en 1853), pero en Kongsvinger, el lugar donde comienza nuestra historia, se hablaba un dialecto del este, cantarín y duro como el hielo. 
 
El Luteranismo era la religión oficial y la iglesia el centro de la vida social en donde los domingos se reunían, vestidos con sus mejores galas, una gran mayoría de ciudadanos de todas las clases sociales para cantar salmos. Noruega no era, en esa época, el país moderno y próspero que conocemos en la actualidad, sino todo lo contrario: era un país pobre. Su economía se basaba principalmente en la pesca y en el negocio de la madera, aprovechando sus grandes bosques, si bien tenían que luchar contra las dificultades de su orografía, a diferencia de sus vecinas, Suecia y Finlandia, que gozaban de iguales recursos forestales pero con una orografía mucho más suave. En cuanto a la agricultura, esta era muy modesta y apenas daba para la subsistencia local. La industria tampoco se había desarrollado suficientemente, como tampoco las comunicaciones; el ferrocarril, por ejemplo, no llegaría hasta el año 1854 en que se inauguró la línea Christiania–Eidsvoll.
 
Pero nuestra historia se desarrolla en Kongsvinger, en el condado de Hedmark (hoy Innlandet), a 90 km al noreste de la capital. El río Glomma, que es el más largo de Noruega con 604 kilómetros de longitud, atraviesa el valle como una arteria azul, entre colinas suaves, campos de centeno y patata, y bosques de pinos y abetos. Los inviernos son duros, bajando la temperatura hasta -30ºC en contraste con unos veranos agradables con temperaturas de 25ºC y una luz permanente las 24 horas del día.
 
Allí se alza todavía la fortaleza de Kongsvinger, construida en 1682 para defenderse de Suecia y en este año de 1845 aún permanecía con actividad, con soldados, cañones y un puente levadizo que no impedía que los niños se acercasen a ella y jugasen a conquistarla.
 
Pero vamos a ser nosotros quienes nos acerquemos ahora no a la fortaleza, sino a la casa de los Lie para conocer el comienzo de esta historia…
 

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martes, 6 de enero de 2026

Erika Nissen (3)

De cómo un extraño impulso me llevó a indagar sobre la vida de una famosa pianista noruega de la que apenas se encuentran referencias, quedando demostrado que “la obra del espíritu nunca muere. Ya sea que la gente lo sepa y lo entienda o no, la obra del espíritu se comunica y se propaga de alma humana a alma humana".

Hace ya muchos años, en 1984, visité en el museo Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid una exposición de pintores noruegos. Bajo el título “Edvard Munch y los pintores noruegos”, allí estaban representados no sólo Edvard Munch (el más conocido en todo el mundo, sobre todo por su cuadro “El grito”), sino también otros grandes artistas como Harald Sohlberg (mi favorito), Christian Krogh... y también Erik Werenskiold. Esta exposición fue una de las primeras grandes presentaciones de arte escandinavo en Madrid y sirvió como precursor de muestras posteriores que ayudaron a difundir el arte de las figuras más destacadas de otrospaíses.
 
Recorría plácidamente aquellas salas disfrutando de tan magníficos cuadros... hasta que mi vista se posó en un cuadro de grandes dimensiones pintado por Erik Werenskiold. Fue ver aquél cuadro y quedar petrificado. No podía dar crédito a lo que estaban viendo mis ojos. Pero ¿qué fue lo que causó aquél shock?
 
El cuadro representaba a la famosa pianista noruega Erika Nissen. Fue verla y me resultó imposible apartar la mirada de aquél cuadro. ¿Qué lo hacía tan especial? ¿Cuál era la razón? ¡Aquella imagen de Erika Nissen era la propia imagen de mi madre, ya desaparecida unos años atrás! (Eso fue lo que sentí en aquél instante).
 
Cuando llegué a casa busqué inmediatamente más información sobre Erika Nissen. Ella murió en 1903... y mi madre nació en 1913. “¿Se reencarnó Erika Nissen en mi madre?”, pensé. Para aquellos que creemos en la reencarnación, esto es posible; a veces pueden transcurrir unos años entre una muerte y la siguiente reencarnación. Este hecho explicaría muchas cosas, por ejemplo esa atracción que desde mi infancia he sentido por Noruega; de hecho, cada vez que he visitado ese país, cada vez que he pisado su suelo, he respirado su aire... he tenido la sensación de volver a casa, de llegar a mi verdadero hogar. Erika Nissen era concertista de piano, y yo, desde niño, he sentido una especial atracción por el sonido de este instrumento musical aunque nunca lo haya tocado, y en mis recuerdos de infancia siempre está presente ese piano que teníamos en la casa del pueblo. Si bien lo mío es escribir y para la música no tengo ninguna aptitud, eso no es óbice para que la música siempre me haya gustado y el piano haya sido mi instrumento favorito, el que más directamente sintonizaba con mi alma. Igualmente relevante me resultó comprobar que ella había mantenido un romance con uno de los más grandes poetas noruegos… y la poesía es algo que nació conmigo y cultivé desde mi más tierna infancia. Y finalmente, me impactaba otro aspecto de la vida de Erika Nissen: Según dicen de ella, lo que más deseaba era “volver a casa, vivir de forma sencilla, convertirse en anciana y sentarse tranquilamente en una silla”; por eso, al comparar su intensa y ajetreada vida con la de mi madre, me pregunté si no era esa la vida tranquila, estable y familiar que Erika siempre había soñado y no pudo conseguir.
 
Está claro que siempre he tenido mucha imaginación y aquellos pensamientos, a la luz de la razón, no podían sostenerse. Por eso, cuando busqué fotografías de Erika Nissen pude ver que no se parecía a mi madre, sólo era en ese cuadro, en ese perfil, en ese instante que había inmortalizado Werenskiold, en que emanaba algo especial que, sin saber por qué, me recordaba a mi madre; pero sólo en ese cuadro, no en ninguna otra fotografía. No se podía hablar, pues, de reencarnación ni de ningún misterio, pero sí que había un hecho cierto: El impacto emocional que me causó y que me sigue transmitiendo ese cuadro cada vez que lo miro.
 
Sea como fuere, esta pianista noruega pasó a formar parte de mi vida desde entonces y por eso, como homenaje a ella, he querido trasladar a un libro su historia. Ha sido una tarea ardua, porque existe muy poca información sobre ella, y además una pianista del siglo XIX, cuando no se podía dejar de ella ningún registro sonoro, no nos permite escuchar y sentir cómo tocaba el piano. Un escritor deja libros; un arquitecto deja edificios; un pintor deja cuadros… pero una pianista ¿qué deja si nadie pudo grabar sus interpretaciones? Sólo podemos guiarnos por las palabras que de ella dijeron aquellos afortunados que sí tuvieron la oportunidad de escucharla, palabras que quedaron reflejadas en artículos de periódicos, e cartas y en diarios.
 
Como podéis comprobar, resulta raro que un escritor español que ha escrito muchos libros, pero sólo dos biografías, elija como su tercer libro de biografías a una pianista noruega del siglo XIX, desconocida en España aunque fuese una superestrella en Noruega y en los círculos musicales y artísticos de media Europa en esos años. Pero ya os he explicado el por qué de esa elección.
 
Ahora sólo queda su historia, rescatada en esta novela para que, con este formato, disfrutéis de una lectura entretenida e interesante. Es una forma agradable de conocer –y espero que también de “sentir”- la historia de alguien que supo transformar la música en sentimiento… la joven rubia de Glommen.
 

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lunes, 5 de enero de 2026

Erika Nissen (2)

En “La joven rubia de Glommen”, seguiremos paso a paso la vida y las emociones de Erika Nissen (1845-1903), pianista y auténtica superestrella del siglo XIX. La elección de esta novela biográfica no ha sido fruto del azar (como explico en su prólogo) sino que despertó en mi interior algo así como una llamada, una necesidad de dar a conocer la vida de un personaje del que se ha hablado y escrito muy poco y que sin embargo tuvo una influencia capital en la música y la cultura noruega. Su carácter firme e independiente, en una sociedad donde la mujer estaba supeditada al hombre, su compromiso social especialmente con las clases más desfavorecidas, y su defensa de los derechos de las mujeres, chocó con la sociedad de su tiempo… y sin embargo, cuando la escuchaban tocar esa música que llegaba al corazón, le perdonaron todo. Nos demostró también que la maestría en una profesión, aunque uno haya nacido con cualidades innatas para ello, sólo se adquiere a base de mucho esfuerzo, trabajo, sacrificio y aprendizaje continuo. Y de sus amores ¡qué decir! Tampoco fueron convencionales. Como dato curioso, sólo te adelantaré un hecho: Si escuchas el himno nacional de Noruega y lees quienes fueron sus autores, encontrarás que la música la compuso Rikard Nordraak y la letra la compuso el que luego fuera premio Nobel de Literatura en 1903, el gran escritor y poeta Bjørnstjerne Bjørnson. Pues bien, ¿sabes una cosa? Ambos amaron a Erika Nissen, esa joven rubia de Glommen.

 

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domingo, 4 de enero de 2026

Erika Nissen (1)

Los países nórdicos, y en especial Noruega, siempre ejercieron sobre mí una fascinante atracción… por su naturaleza exuberante y llena de contrastes, por su sociedad igualitaria y avanzada, por la educación y respeto como señas de identidad de sus habitantes, por la paz y tranquilidad que se respira en todos sus rincones… No es extraño, pues, que a la hora de escribir algunas de mis novelas las haya situado –en todo o en parte- en este maravilloso país a fin de trasladar al lector un poco de la magia de este país.

Durante los próximos días voy a presentar en estas páginas un trabajo de investigación realizado sobre la vida de la pianista noruega Erika Nissen. Te descubriré los extraños motivos que me llevaron a emprender esta aventura y conocerás una vida de la que existen pocos testimonios pero que fue de una mujer adelantada a su tiempo como tú mismo podrás comprobar…
 

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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Un soplo de aire nórdico

La verdad es que ya escribo muy poco en este blog; toda mi actividad la vuelco en el blog “Diario AZprensa”
https://azpressnews.blogspot.com 
y en el blog “Palabras inefables” https://palabrasinefables.blogspot.com/
 
Sin embargo, la buena noticia es que todo lo que he publicado en este blog llamado “La luz horizontal” (más de 700 escritos) están siempre disponibles para cualquier consulta. Para ello, desde la ventana superior izquierda (en la versión web) puedes escribir la palabra o palabras clave que busques y te llevará  a las noticias. Pero también, si conoces la fecha aproximada de su publicación, puedes consultar el índice de noticias publicadas que aparece en el lateral derecho.
 
Termina un año pero la vida continúa un poco más… Disfrútala y haz que quienes te rodean también la disfruten.